El sábado F tenía el cumple de uno de sus mejores amigos.
La hora del cumple era a las 6 de la tarde y hasta las 9.
Salimos temprano porque nos faltaba el regalo del cumple.
Dejé a F a la hora señalada y me fuí con V a un pelotero a "pasar el tiempo".
Retiré a F y nos volvimos derechito a casa.
V había comido su cajita feliz y F no tenía hambre porque había comido en el cumple.
Nos fuimos a dormir.
A la madrugada F se viene a mi cama.
Yo estaba tan cansada que lo dejé.
Como siempre, empezó a enroscarme el pelo pero esta vez también empezó a dar patadas. No lo quise despertar, pero traté de contenerlo entre sueños hasta que se despertó llorando.
Le pregunté que le pasaba y me dijo que le dolía el oído. Ya es la segunda vez que me dice que le duele el oído pero algo me dice que esto es la excusa para la crisis que hace despúes porque repentinamente el dolor desaparece.
Le pregunto si quiere que llame al médico y me dice que no.
Los gritos son cada vez más fuertes y el llanto inconsolable.
No sé en realidad cuántas horas pasaron ni cuantas cosas hice por calmarlo. Le puse gotitas, lo acuné, caminé toda la casa con el en upa rogando que no se despierte el hermano.
De repente, como la otra vez, el dolor desapareció como si nada.
Mañana vamos a hacernos ver los oídos para descartar sospechas.
Ojalá sean los oídos, ojalá!
De todas formas, a principios de Septiembre tengo que llamar a una psicóloga pediátrica que me recomendaron.
24 agosto, 2008
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2 comentarios:
Marce, como te fué en el médico con F?
Besos
Ale, Gracias por preguntarme!!
Por suerte era el oído
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